El balance del verano y las abundantes lluvias recientes generan una cosecha de forraje excepcional, aunque plantean nuevos desafíos para la producción lechera.
El verano, en términos generales, no fue tan hostil para las vacas. Si bien se registraron dos olas de calor marcadas —una después de Navidad y otra a partir del 10 de enero—, que aceleraron el ciclo de los maíces, los cultivos lograron sostener buenos rendimientos y calidad. “Se terminaron de secar rápido, pero con gran rendimiento y buena calidad de forraje”, resume un especialista del sector. A ese panorama se suma un dato clave: las abundantes precipitaciones desde la salida del verano hasta el otoño. Este factor impulsó con fuerza la producción de pasto y asegura una base forrajera sólida para los próximos meses. “Hay silo de excelente calidad, pasturas muy buenas y se espera un verdeo de invierno también de gran nivel”, destaca.
