Un joven de 25 años falleció y varias personas resultaron heridas tras un accidente durante una competencia. Especialistas analizan los protocolos y la organización del evento.
La muerte de un joven durante el rally de Córdoba puso el foco en las condiciones de seguridad de este tipo de eventos. El hecho ocurrió cuando un vehículo perdió el control en un tramo del recorrido, impactó contra el público y provocó el fallecimiento de Brian Zárate, de 25 años, además de dejar varios heridos. El siniestro se produjo en una zona donde había espectadores ubicados en sectores no habilitados.
El especialista en automovilismo Miguel Motta, en diálogo con Punto a Punto Radio, analizó la situación. Señaló que podrían haberse tomado medidas preventivas más estrictas y que faltaron controles básicos, como la demarcación con cintas y la presencia de personal de seguridad en lugares clave. También mencionó la ausencia de herramientas como un helicóptero de seguridad, cuyo uso no es obligatorio en carreras sudamericanas.
Motta apuntó a fallas en la toma de decisiones durante la carrera, cuestionando la falta de reacción ante advertencias previas sobre la presencia de personas en zonas peligrosas. Según su relato, distintos autos de seguridad habían detectado el problema, pero eso no derivó en una interrupción del tramo. El protocolo, según el especialista, indicaba frenar la prueba hasta garantizar condiciones seguras.
El diseño del recorrido también fue objeto de análisis. Motta consideró que el tramo elegido, en bajada, aumentaba los riesgos en comparación con un trazado en subida, debido a la influencia del terreno en la estabilidad de los vehículos.
Por otra parte, se destacó que la masiva convocatoria de público, impulsada por el regreso del rally, pudo haber desbordado la capacidad organizativa. El hecho también generó cuestionamientos sobre el rol de los medios durante la emergencia, ante una falta de información en tiempo real que generó incertidumbre entre familiares y asistentes.
Mientras avanza la investigación judicial para determinar responsabilidades, el caso reabre el debate sobre los estándares de seguridad en eventos masivos y el equilibrio entre espectáculo y prevención.
