Más del 40% de los trabajadores está en negro. Una precarización que no para de crecer

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El empleo informal afecta a más de 8,8 millones de personas en Argentina. Un flagelo que se profundiza hace una década, mientras se garantizan ganancias para empresarios y se ajusta sobre quienes viven de su trabajo.

Radiografía de la informalidad

Un nuevo informe del observatorio ArgenData confirma lo que ya se vive en los barrios, en los oficios y en los sectores más golpeados: el 42 % de los trabajadores en la Argentina está en la informalidad. Esto equivale a más de 8,8 millones de personas que no cuentan con derechos laborales básicos, como aportes jubilatorios, obra social o indemnización por despido.

El informe revela que la informalidad alcanza al 36 % de los asalariados y al 57 % de quienes trabajan por cuenta propia. En sectores como el agro, la construcción, la gastronomía y el trabajo doméstico, la precarización supera el 60 %. Son los mismos rubros donde más se explota a mujeres y jóvenes, sin estabilidad, sin convenios y con salarios miserables.

La brecha territorial también habla de desigualdades estructurales: en el norte del país —Santiago del Estero, Salta, Tucumán— más de la mitad de los asalariados no tiene ningún derecho laboral garantizado. La diferencia con la Ciudad de Buenos Aires o la Patagonia es brutal, pero también ahí crece el trabajo sin registrar.

Esta situación no es casual ni reciente. Mientras el trabajo formal está estancado, la informalidad crece sostenidamente desde 2015, en gobiernos de distintos colores. Hoy, con el brutal ajuste de Milei y su ataque a los convenios colectivos, el panorama se agrava. El modelo es claro: más precarización para garantizar ganancias empresariales.

Argentina supera en informalidad a países como Uruguay (10 %), Chile (15 %) y Brasil (24 %). Estamos casi en el promedio regional del 43 %, una cifra escandalosa que revela el fracaso del sistema capitalista para garantizar empleo digno.

En lugar de avanzar hacia la formalización con leyes que protejan a los trabajadores, los gobiernos miran para otro lado o directamente flexibilizan aún más. El resultado: más explotación, más pobreza laboral y millones de personas que viven en la incertidumbre.

 Hoy en día, distintos signos políticos proponen como solución reformas laborales que atacan vertebralmente a los derechos de los trabajadores. En Argentina no hay grieta, desde Milei hasta CFK ven con buenos ojos una “modernización” de las condiciones de trabajo, lo que se traduce en mayor precarización.

La única salida real vendrá de la organización en los lugares de trabajo, con lucha desde abajo para exigir trabajo con derechos, salario igual a la canasta familiar y el reparto de las horas de trabajo.

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