La economía espacial crece a pasos agigantados y América Latina busca su lugar en un tablero dominado por potencias globales. Argentina, con su trayectoria satelital, y países como Brasil y Chile, con ventajas geográficas, intentan aprovechar las oportunidades sin quedar relegados.
Argentina vivió la misión Artemis II como un hito: fue el único país de la región que envió un microsatélite. Esto volvió a poner la atención en el espacio, un escenario de disputa de poder donde cada gesto refleja capacidades tecnológicas y militares. Frente a esto, América Latina tiene el desafío de encontrar su lugar en un tablero donde distintos actores compiten por definir las reglas del juego.
Según datos de Novaspace, la economía espacial alcanzó en 2025 los 626.000 millones de dólares, impulsada por inversión pública, desarrollo privado y aplicaciones cotidianas. El Foro Económico Mundial proyecta que llegue a 1.800.000 millones de dólares en 2035. Es un negocio inmenso, y todos quieren su porción.
Especialistas consultados coinciden en que América Latina puede aprovechar el desarrollo espacial para reducir brechas estructurales en infraestructura, conectividad y acceso a servicios. Las aplicaciones también son clave para mitigar desastres, enfrentar el cambio climático y mejorar la respuesta humanitaria. Sin embargo, advierten que el espacio corre el riesgo de convertirse en la próxima frontera colonial, con sistemas extractivos que profundicen las desigualdades.
Estados Unidos y China compiten por definir las reglas. Empresas privadas operan sin bandera. Potencias emergentes buscan su lugar. Y América Latina, una vez más, corre el riesgo de llegar tarde. “Ocupa un lugar periférico, pero no irrelevante”, sostiene Luis Castillo Argañaraz, investigador del CONICET. “Hay oportunidades reales en aplicaciones satelitales, cooperación internacional y desarrollo de capacidades específicas”, explica.
Un punto clave es la ubicación geográfica. Países cercanos al Ecuador, como Brasil, son excelentes para centros de lanzamiento. El Centro de Lanzamiento de Alcântara, en Maranhão, aprovecha la rotación terrestre para ahorrar combustible. En el Cono Sur, Chile posee el desierto de Atacama, ideal para monitorear objetos espaciales (Space Situational Awareness).
Argentina tiene una de las trayectorias espaciales más sólidas de la región. La CONAE, con más de tres décadas de experiencia, le permite desarrollar y lanzar satélites de forma independiente. En 1961 fue el primer país del hemisferio sur en lanzar un cohete, el Alfa-Centauro. Desarrolló satélites geoestacionarios propios (ARSAT-1 y ARSAT-2) y tecnología radar avanzada (SAOCOM). Exportó componentes al satélite Amazonia-1 de Brasil. Su último hito fue el microsatélite Atenea, enviado en la misión Artemis II, fruto de la colaboración entre CONAE, universidades y la empresa VENG S.A.
