El extenista rosarino, que llegó al puesto 38 del ranking mundial y fue sparring de Sampras, superó duras pruebas personales y hoy trabaja en El Salvador.
Roberto Argüello nació en 1963 en el barrio rosarino de Echesortu. Su padre, Roberto, era metalúrgico, y su madre, Eduarda, ama de casa. Empezó a jugar al tenis a los cuatro años en el club Remeros Alberdi, frente al río Paraná. “Mis padres jugaban al tenis, me tiraban la pelotita, yo corría atrás con una raqueta de madera de 400 gramos, pesadísima, no la podía levantar, y por eso es que aprendí a pegarle siempre con las dos manos”, relata Argüello desde El Salvador, donde trabaja desde octubre de 2024.
Ganó el Orange Bowl en categorías Sub 14 (1977) y Sub 18 (1981). En 1982, tras ser citado para la Copa Davis, debió cumplir con el servicio militar, lo que interrumpió su carrera. Al año siguiente, en su segundo torneo oficial, ganó un título ATP en Venecia. Llegó a ser N° 38 del ranking mundial en abril de 1984 y jugó dos series de Copa Davis para Argentina, en tiempos de Vilas y Clerc.
Zurdo natural, sacaba con ese perfil pero golpeaba con dos manos tanto de drive como de revés. “Desconcertaba a los rivales. Me preguntaban cuál era mi drive y cuál el revés, pero no se los iba a decir nunca”, cuenta. Su estilo inusual le permitió destacar, aunque reconoce que le hubiera gustado aprender a sacar con la derecha para tener más ventaja.
Tras épocas tormentosas en las que sintió haber “tocado fondo”, Argüello logró reinventarse emocional y físicamente en El Salvador. Hoy, a punto de cumplir 63 años, sigue vinculado al tenis y reflexiona sobre su trayectoria: “Vine con el chip incorporado. Aprendí a jugar mucho en el frontón”.
