La figura del creador de contenido evolucionó de la imagen del influencer a un oficio que combina producción, estrategia y gestión. Programas de afiliación y demanda de UGC amplían las oportunidades de ingresos en el país.
La actividad del creador de contenido digital en Argentina ha superado el estereotipo inicial del influencer que recomienda productos en redes sociales. Hoy, se trata de una profesión que integra producción audiovisual, estrategia digital, análisis de métricas y gestión de relaciones con marcas, dentro de un marco de trabajo independiente.
Este proceso de profesionalización coincide con la expansión de nuevas formas de monetización en el ecosistema digital local. Un ejemplo es el programa de afiliados de Mercado Libre, recientemente ampliado en el país, que permite a mayores de 18 años generar ingresos recomendando productos mediante enlaces personalizados, con comisiones de hasta el 15% depositadas en Mercado Pago.
Según datos de la compañía, en Argentina el volumen de ventas generado por afiliados creció más del 800% entre el tercer y cuarto trimestre del año pasado. Este incremento refleja la consolidación de la economía de creadores como una capa significativa del trabajo digital.
La naturaleza del oficio ha cambiado. Ya no se limita a publicar posteos, sino que implica diseñar piezas para campañas específicas, dialogar con audiencias y cumplir objetivos que van desde el posicionamiento de marca hasta la conversión comercial. Los creadores pueden trabajar para su marca personal, para terceras marcas, agencias, plataformas de afiliación o producir UGC (contenido generado por usuarios) para que las empresas lo utilicen en sus propios canales.
Ariana de la Fuente, especialista en creación de contenido y estrategia digital, destaca la multifacética labor detrás de la profesión: «Hacés absolutamente todo sola: recibís las propuestas, pensás la creatividad, grabás, editás y, una vez validado, lo publicás». Además, subraya la importancia de la gestión administrativa posterior, como la facturación y el cobro, lo que evidencia la necesidad de orden y conocimientos de gestión.
De la Fuente recuerda que, inicialmente, el trabajo estaba poco valorado y muchas colaboraciones se basaban en el intercambio o «canje». «Hoy ya está claro que se puede vivir de esto, que el tiempo y el trabajo de los creadores tienen valor, y que las marcas lo reconocen cada vez más», afirma, señalando una reorganización del trabajo digital.
El crecimiento del UGC ha facilitado el ingreso al mercado sin la necesidad previa de construir una comunidad masiva. Julián Ocampo, fundador de la primera escuela de creadores UGC en Latinoamérica, explica la diferencia clave: mientras el influencer cobra por el contenido y el acceso a su audiencia, el creador UGC presta un servicio de producción para que la marca utilice el material en sus canales. En este esquema, el valor principal no reside en la cantidad de seguidores, sino en la capacidad de generar contenido verosímil, claro y alineado con los objetivos de la marca.
