Con un alto el fuego vigente, comienzan en Pakistán conversaciones donde la postura firme de Teherán contrasta con los objetivos cambiantes de Estados Unidos.
NUEVA YORK.– Desde el inicio del conflicto con Estados Unidos e Israel, Irán ha mantenido un conjunto de demandas constantes, que incluyen una paz permanente, el levantamiento de sanciones económicas y el derecho a continuar con el enriquecimiento de uranio. En contraste, el presidente estadounidense Donald Trump ha variado sus objetivos bélicos en múltiples ocasiones.
Analistas señalan que la firmeza de las exigencias iraníes contribuyó a la supervivencia del régimen durante la guerra. La pregunta ahora es si esta postura se mantendrá en las negociaciones que comenzaron este sábado en Pakistán, tras un alto el fuego de dos semanas anunciado el martes pasado.
El plan de diez puntos presentado públicamente por Irán ha sido calificado como poco realista por la contraparte, y Trump lo desestimó en sus redes sociales. Estados Unidos busca concesiones significativas, como la renuncia al uranio altamente enriquecido, el compromiso de no fabricar armas nucleares, la limitación de capacidades militares, la reapertura sin restricciones del estrecho de Ormuz y el cese del apoyo a fuerzas aliadas regionales.
Según una declaración del Consejo Superior de Seguridad Nacional de Irán, el objetivo de las negociaciones es establecer «nuevas ecuaciones de seguridad y políticas» en Medio Oriente que reconozcan el liderazgo del país. Expertos como Sanam Vakil, de Chatham House, indican que Irán busca no solo sobrevivir, sino también garantías contra futuros ataques y acelerar su recuperación.
La guerra causó graves daños en Irán, con miles de millones en pérdidas, deterioro de capacidades militares y víctimas civiles, según datos de agencias de derechos humanos. Sin embargo, Teherán demostró un nuevo poder al alterar la economía global con el cierre del estrecho de Ormuz y ataques a infraestructura energética y bases militares.
Históricamente, Irán ha hecho concesiones significativas en contadas ocasiones, como en el alto el fuego de 1988 con Irak y el acuerdo nuclear de 2015. No obstante, expertos como Karim Sadjadpour, del Carnegie Endowment, señalan que el régimen nunca abandonó sus principios fundamentales de socavar la influencia estadounidense y rechazar a Israel, ideología que alimenta la hostilidad entre las partes.
