Una exposición documenta la evolución de la ciudad india, desde su origen como siete islas hasta convertirse en un centro industrial, financiero y cultural, a través de pinturas, fotografías y material cinematográfico.
Lo que hoy es Mumbai fue, durante siglos, un archipiélago de siete islas habitadas por comunidades pesqueras. De ese origen fragmentado emergió una de las metrópolis más complejas del mundo: Bombay, ciudad forjada por el comercio colonial, la resistencia política y la cultura popular que marcó al subcontinente indio durante tres siglos.
La Bombay contemporánea es, en gran medida, una construcción literal. Una exposición de la galería DAG —una de las instituciones de arte indio más importantes del país— reúne pinturas, fotografías, grabados, material de archivo y memorabilia cinematográfica para documentar ese proceso. En su comunicado oficial, la galería describe cómo la ciudad «surgió de un grupo disperso de siete islotes unidos por la recuperación de tierras al mar». Ese proceso de ingeniería colonial fue el primer acto de una transformación que no se detendría. El resultado fue una ciudad que «creció de un puerto colonial a un bullicioso centro industrial, financiero y cultural».
Su recorrido abarca desde su papel como nodo comercial del siglo XVIII hasta su condición de escenario de resistencia política durante la lucha por la independencia en el siglo XX. Los artistas coloniales británicos fueron los primeros en dejar registro visual de esa geografía en transformación. Sus pinturas y grabados documentaron costas, arquitectura y paisajes desde una mirada que mediaba entre la fascinación imperial y la representación estratégica del territorio.
Pero esa mirada exterior tuvo su contraparte. Los artistas indios modernos «volvieron su mirada hacia adentro, hacia los ritmos cotidianos de Bombay y las personas que la animan y la hacen propia». Esa tensión entre la visión colonial del territorio y la autorepresentación india constituye uno de los ejes centrales de la historia visual de la ciudad.
La complejidad de Bombay no fue solo territorial, sino también social. Comunidades tan diversas como los parsis —mercaderes y filántropos que modelaron la vida cívica—, los kolis —pescadores nativos de las islas originales— y sucesivas oleadas de migrantes que construyeron sus fábricas, muelles y barrios convivieron en una geografía compartida pero profundamente desigual.
El cine ocupa un lugar central en esa narrativa. Bombay no se limitó a albergar una industria cinematográfica: la ciudad se convirtió en el pulso y la musa de sus propias películas. «Ninguna historia de Bombay está completa sin el cine», señala DAG en su comunicado.
La pregunta sobre el nombre de la ciudad —Bombay o Mumbai— atraviesa también su historia política. En 1995, el gobierno del estado de Maharashtra cambió oficialmente el nombre a Mumbai como gesto de afirmación de la identidad regional marathi y de rechazo al legado colonial británico. El debate sobre cómo llamar a la ciudad continúa activo en algunos sectores.
«Bombay fue siempre un tapiz de mundos superpuestos: calles atestadas y costas tranquilas, fábricas y mercados, barrios de privaciones y de comodidad, momentos de movimiento incesante y calma inesperada», señala el comunicado de la exposición.
