Tras un inicio de gestión marcado por las críticas, el equipo de Úbeda encadena diez partidos sin derrotas y muestra un juego más sólido, posicionándose en la parte alta de la tabla del Apertura.
El panorama para Claudio Úbeda en Boca Juniors ha cambiado significativamente en las últimas semanas. A principios de temporada, su continuidad como entrenador era puesta en duda tras un arranque irregular, que incluyó silbidos de la hinchada en La Bombonera. Sin embargo, una racha de diez partidos sin derrotas, que combina el torneo local y la Copa Libertadores, ha modificado la percepción sobre su trabajo.
El equipo ha mostrado una mejora notable en su funcionamiento colectivo, priorizando el equilibrio y una circulación de balón más fluida desde la salida. Una de las claves de esta transformación ha sido la inclusión del juvenil Tomás Aranda en el mediocampo. Su dinamismo y capacidad para conectar con los delanteros han aportado una nueva variante ofensiva al equipo, liberando de responsabilidades a figuras como Leandro Paredes.
Los números respaldan el avance: desde la consolidación de Aranda, el equipo ha incrementado su eficacia en los pases en campo rival y genera más situaciones claras de gol por partido. Un ejemplo de su aporte fue la asistencia con taco para el gol de Bareiro en el triunfo ante Universidad Católica por la Copa Libertadores.
A pesar de los buenos resultados, persisten algunos interrogantes, especialmente en el sector derecho de la defensa y en el arco, donde la lesión de Agustín Marchesín obliga a un reacomodamiento. El próximo desafío será el clásico ante Independiente, un rival que llega con moral alta, y que pondrá a prueba la solidez que ha mostrado el equipo de Úbeda en esta etapa.
