El empresario, dueño de un conglomerado que incluye TV Azteca y Banco Azteca, ha intensificado sus críticas al gobierno de Claudia Sheinbaum mientras sus empresas enfrentan una compleja reestructuración financiera y deuda.
El multimillonario mexicano Ricardo Salinas Pliego, propietario del Grupo Salinas, ha incrementado notablemente su visibilidad y discurso político en los últimos meses, posicionándose como una voz crítica frente al gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum y su partido Morena.
Salinas, cuya fortuna personal se estima en unos 6.900 millones de dólares según Bloomberg, dirige un imperio empresarial con ingresos anuales cercanos a los 14.000 millones de dólares. Este conglomerado incluye la cadena minorista Elektra, el fabricante de motocicletas Italika, Banco Azteca y la televisora TV Azteca, entre otros.
Sin embargo, este ascenso en la arena pública coincide con un período de desafíos financieros para sus empresas. Grupo Elektra enfrenta una pesada carga de deuda con vencimientos próximos, mientras que TV Azteca solicitó protección por bancarrota en México y dejó de cotizar en bolsa. La negociación de las acciones de ambas empresas fue suspendida en el mercado mexicano.
Recientemente, Salinas acordó con el gobierno mexicano el pago de 32.000 millones de pesos (unos 1.800 millones de dólares) para resolver un conflicto por impuestos atrasados. Un portavoz del grupo afirmó que la compañía «siempre ha estado dispuesta a pagar lo que es justo y legal», y calificó el reclamo anterior como «cobros dobles abusivos e injustos».
Paralelamente, el empresario ha cultivado una imagen de «Tío Richie» en redes sociales, donde expresa admiración por políticas de desregulación como las de Donald Trump y Javier Milei en Argentina, y por la ofensiva contra el crimen de Nayib Bukele en El Salvador. Sus publicaciones suelen contener fuertes críticas al gobierno actual, al que ha llegado a tildar de «comunista».
Ante consultas sobre una posible candidatura presidencial, Salinas ha sugerido que podría verse obligado a competir, aunque afirma que no es su vocación principal. La presidenta Sheinbaum, por su parte, ha señalado en el pasado que estas declaraciones políticas podrían ser una estrategia para distraer la atención de sus obligaciones fiscales.
