Reid Wiseman, comandante de la misión, compartió cómo el viaje espacial desencadenó una reflexión personal inesperada y un encuentro con un capellán que lo conmovió hasta las lágrimas.
Tras el regreso de la cápsula Orión a la Tierra, la misión Artemis II volvió a captar la atención, no solo por sus logros científicos, sino también por las revelaciones personales de su tripulación. Reid Wiseman, uno de los astronautas que formó parte del viaje, compartió una experiencia personal inesperada que dejó al descubierto una profunda vivencia emocional lejos del planeta.
En diálogo con la prensa, el comandante Wiseman contó que durante la misión atravesó un cambio emocional profundo que lo sorprendió incluso a él mismo. “No soy una persona religiosa, pero no tenía otra forma de explicar nada ni de experimentar nada”, expresó al intentar poner en palabras lo que sintió mientras estaba en el espacio.
Según relató, esa vivencia lo llevó a tomar una decisión poco habitual: pidió que el capellán del barco de la Armada se acercara, aunque fuera por unos minutos. “Cuando entró aquel hombre, que nunca lo había visto en mi vida, vi la cruz en su cuello y me eché a llorar”, recordó, dejando en evidencia el fuerte impacto que tuvo ese momento.
En esa misma línea, Wiseman reconoció que aún le resulta complicado dimensionar por completo la experiencia vivida y explicó que, tras el regreso, casi no tuvo tiempo para procesar todo lo ocurrido. “Es muy difícil comprender del todo lo que acabamos de vivir”, afirmó, dejando en claro que todavía están asimilando lo sucedido.
De este modo, más allá de los avances tecnológicos y los objetivos científicos de la misión, sus palabras dejan entrever una dimensión mucho más íntima y humana de la exploración espacial, donde las emociones y las preguntas profundas también ocupan un lugar central. La experiencia, difícil de traducir en términos concretos, parece haber dejado una huella que va mucho más allá del viaje en sí.
