El gobierno estadounidense anunció planes para intensificar las sanciones financieras contra Teherán, describiéndolas como un «equivalente» a una campaña militar, mientras continúan las conversaciones diplomáticas.
WASHINGTON.- Ante la dificultad para alcanzar un acuerdo que ponga fin al conflicto o extienda el alto el fuego, el gobierno de Estados Unidos está preparando un cambio de estrategia que priorizaría la presión económica sobre Irán, buscando asfixiar financieramente a Teherán en lugar de depender únicamente de acciones militares.
El secretario del Tesoro, Scott Bessent, declaró en una rueda de prensa en la Casa Blanca que su país planea intensificar las medidas económicas, las cuales serían el «equivalente financiero» de una campaña de bombardeos. Advirtió sobre la aplicación de sanciones secundarias contra países y empresas que mantengan negocios con entidades iraníes, incluyendo aliados y competidores.
«Hemos advertido a las empresas, hemos advertido a los países… ahora estamos dispuestos a aplicar sanciones secundarias, lo cual es una medida muy severa», afirmó Bessent.
Estos anuncios se producen en un contexto de negociaciones indirectas con Irán, mediadas por Pakistán. La vocera de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, señaló que el gobierno es «optimista respecto a las perspectivas de un acuerdo», aunque aún no hay confirmación oficial sobre una nueva ronda de diálogo.
Por su parte, el vocero de la diplomacia iraní, Esmail Baqai, confirmó el intercambio de mensajes pero reiteró la exigencia del derecho de su país a un programa nuclear civil. Un alto funcionario iraní anónimo citó el destino del uranio enriquecido y la duración de las restricciones nucleares como puntos de desacuerdo pendientes.
En paralelo, el secretario de Defensa, Pete Hegseth, afirmó que Estados Unidos mantendrá el bloqueo naval en el estrecho de Ormuz «el tiempo que sea necesario», medida que aplica a todo barco que se dirija a puertos iraníes.
La estrategia de presión económica incluye advertencias a instituciones financieras de China, Emiratos Árabes Unidos y Omán, y se enmarca en un esfuerzo por forzar a Irán a limitar su programa nuclear. Analistas dentro del gobierno argumentan que, al afectar la capacidad de Teherán para pagar a sus aliados, se la podría presionar a negociar.
Sin embargo, la senadora demócrata Elizabeth Warren criticó la estrategia, argumentando que el bloqueo en Ormuz y el alza del precio del petróleo han beneficiado económicamente a Irán, compensando el efecto de las sanciones.
