Un análisis personal explora la distancia entre la mirada de las generaciones pasadas y la inmersión forzosa de la actualidad ante las transformaciones tecnológicas vertiginosas.
La experiencia de vida de una abuela que creció en una casa rural de Santa Fe sin electricidad contrasta con la realidad actual, marcada por cambios tecnológicos acelerados. Mientras ella observó el avance del mundo, desde la llegada de la luz hasta la televisión, con una actitud de distante ajenidad, las generaciones más jóvenes se ven inmersas y modificadas por innovaciones como la computadora personal, el celular y la inteligencia artificial.
Esta reflexión surge de una analogía con la película «Sueño de trenes», donde un personaje observa imágenes del espacio en un televisor con total desapego. Para la generación anterior, las transformaciones eran algo ajeno que no alteraba su núcleo identitario. En cambio, hoy los cambios no son una mera observación, sino una fuerza que impacta directamente en la vida laboral, social y económica.
El autor señala que el punto de quiebre en su propia historia fue la irrupción de la computadora de escritorio, que no era solo una herramienta más eficiente, sino la puerta de entrada a un nuevo paradigma. A diferencia del pasado, ahora no hay posibilidad de mantenerse al margen: la tecnología nos toca y nos modifica, en un proceso histórico de una velocidad sin precedentes.
La conclusión es un llamado a enfrentar este mundo nuevo con los ojos abiertos, reconociendo que carecemos de la perspectiva necesaria para dimensionar plenamente cambios que aún no han terminado de desplegarse.
