Las declaraciones cambiantes del presidente estadounidense Donald Trump sobre el desarrollo de la guerra generan desconcierto y preocupación entre líderes mundiales, que intentan evitar una escalada mayor.
Las declaraciones del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, sobre el conflicto con Irán han generado un clima de incertidumbre en la escena internacional. Sus afirmaciones, que en ocasiones parecen contradictorias respecto al desarrollo y la posible finalización de las hostilidades, mantienen en vilo a las capitales del mundo.
En las últimas semanas, mandatarios de Europa, Asia y otras regiones han expresado su preocupación por el curso de los eventos. El presidente surcoreano, Lee Jae Myung, convocó una reunión de gabinete de emergencia y advirtió sobre las consecuencias duraderas de la guerra. Por su parte, la primera ministra de Japón, Sanae Takaichi, anunció conversaciones directas con el gobierno iraní, mientras que el presidente francés, Emmanuel Macron, criticó las contradicciones en los mensajes públicos.
La situación se complejiza con el cierre del Estrecho de Ormuz, una ruta crítica para el transporte de petróleo. Trump ha alternado entre señalar que se abrirá «naturalmente» al final del conflicto y amenazar con bombardeos a infraestructura iraní si no se libera el tráfico marítimo. Irán, a través de agencias semioficiales, ha prometido represalias «más contundentes y extensas».
Ante este escenario, diplomáticos de más de 40 países se reunieron por videoconferencia para debatir formas de mitigar el impacto económico de la interrupción energética y buscar una salida diplomática. La secretaria de Relaciones Exteriores británica, Yvette Cooper, aseguró que la comunidad internacional no permitirá que la economía mundial sea tomada «como rehén», aunque muchos países descartaron un involucramiento militar directo. Por el momento, las propuestas se centran en la presión diplomática y medidas económicas coordinadas.
